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La falta de adherencia y la sobrecarga del tratamiento

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La adherencia a los consejos y tratamientos en los pacientes crónicos no supera el 50% según los resultados de la encuesta realizada para Farmaindustria sobre la adherencia terapéutica en España con una muestra de 1.400 pacientes.

A pesar de que se ha intentado cambiar el discurso y desculpabilizar al paciente pasando de llamarle no cumplidor a no adherente, lo cierto es que los sistemas para incrementar la adherencia al tratamiento se centran siempre en cambiar las actitudes o aptitudes de los pacientes. Raramente se enfoca la falta de adherencia como un problema del sistema de salud.

Las enfermedades crónicas sobrecargan las vidas de las personas que no luchan únicamente con los síntomas de la enfermedad (fatiga, limitación funcional, dolor, etc.) sino que además de cuidar de sí mismos, y a menudo de otros, deben acudir a innumerables citas, hacer múltiples gestiones y organizarse para cumplir con complejos tratamientos y al tiempo cambiar hábitos de vida construidos durante años.

La sobrecarga de tratamiento se define como el impacto que “el trabajo de ser un paciente” tiene sobre la calidad de vida y el bienestar funcional de las personas. Investigadores de la Universidad de París cuantificaron la sobrecarga potencial, simulando la aplicación de las Guías de Práctica Clínica (GPC) vigentes en un paciente con entre una y seis enfermedades crónicas muy prevalentes (Buffel du Vaure et al, 2016). Los pacientes con sólo 3 enfermedades crónicas para cumplir con las GPC tendrían que tomar entre 6 y 13 medicamentos, acudir a 1,2 -5,9 visitas al mes y dedicar una media de 49,6-71 horas al mes en atender a las demandas sanitarias según la combinación de enfermedades que padezcan.

Nos parecesobrecarga natural pensar que un médico o una enfermera pueden ocuparse de un número limitado de pacientes. Sin embargo, cada uno de los múltiples profesionales que atiende a un paciente prescribe los tratamientos que considera indicados de forma acumulativa, sin pensar que la capacidad de los pacientes para entender, organizar y ejecutar las múltiples actividades prescritas y encajar además el resto de cargas de la vida también es limitada, especialmente cuando uno está enfermo y es mayor. No se presta demasiada atención a si la carga que se impone es desproporcionada en relación a los recursos que pueden movilizar o si su capacidad física, mental o financiera es suficiente para atender a todas estas demandas. Les recomiendo que revisen un estudio cualitativo realizado a partir de encuestas a 1.053 pacientes crónicos que explora, describe y clasifica los componentes de la sobrecarga de tratamiento, cuáles son las consecuencias sobre sus vidas y qué factores agravan o alivian dicha sobrecarga (Tran et al, 2015).

Ante la desproporción entre cargas y capacidades, las personas pueden reaccionar de maneras opuestas: priorizar las demandas de la vida y abandonar el autocuidado y la adherencia al tratamiento o bien priorizar la atención sanitaria y el autocuidado a costa de introducir una disrupción en sus vidas que les aparta de otras actividades o relaciones que eran fuente de bienestar emocional y, por tanto, importantes para ellos. En cualquier caso, el resultado es negativo en términos de bienestar y salud y ante el fracaso, el sistema suele responder con una intensificación del tratamiento y, por tanto, desequilibrando aún más la balanza entre cargas y capacidades.

¿No sería más realista y también más efectivo diagnosticar la capacidad y la carga de trabajo que tiene el paciente y su entorno; conocer y entender cuáles son sus objetivos de salud y de vida, para poder así priorizar aquellas intervenciones, sanitarias o no, que les acerquen a estos objetivos y que causen el mínimo de disrupción en sus vidas?

Parece que en su empeño por aliviar la enfermedad, la discapacidad y aplazar la muerte, la medicina moderna se ha medicalizado en exceso. Existe cierta tendencia a tratar ya no la enfermedad sino también el riesgo con medicamentos o tecnología dedicando un menor esfuerzo a modificar hábitos o factores ambientales o socioeconómicos o a valorar y compensar carencias y sobrecargas de la vida que suponen una barrera en el acceso o que condicionan el uso que las personas hacen del sistema sanitario.

Debemos profundizar en los aspectos emocionales y sociales como la pobreza o la soledad si queremos llegar a la raíz de la falta de adherencia y de resultados en salud. Vean por ejemplo cómo médicos de atención primaria del Centre for Effective Practice de Ontario han desarrollado una herramienta llamada “Poverty tool” para cribar sistemáticamente e identificar pacientes con riesgo de pobreza e intervenir conectándoles con los recursos necesarios.

La tecnología y la ciencia pueden desarrollarse a pasos de gigante en el mundo del laboratorio y los ensayos clínicos, pero dichos avances no mejoraran el estado de salud de las personas si no abordamos las barreras a las que se enfrentan en la vida real y encontramos un equilibrio entre cargas y capacidades.

Por Cristina Roure Farmacéutica. Directora Asistencial. Consorci Sanitari Terrassa

Bibliografía

Buffel du Vaure C, et al. Potential workload in applying clinical practice guidelines for patients with chronic conditions and multimorbidity: a systematic analysis. BMJ Open 2016;6:e010119 doi:10.1136/bmjopen-2015-010119

In the Know: Poverty – A Clinical Tool for Primary Care. Centre for Effective Practice. https://www.youtube.com/watch?v=dUyXVieDEgc

Tran et al. Taxonomy of the burden of tratment: multicountry web-based qualitative study of patients with chronic conditions. BMC Medicine 2015; 13:115

 

 

 

 

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